Ciberdisidencias

Jenaro Villamil

Un extraordinario ensayo de Jenaro Villamil donde se analiza la importancia de internet y las redes digitales como plataformas para los movimientos sociales, y como claves para entender la geopolítica actual.

Los ejes temáticos que guían la investigación de Ciberdisidencias son los movimientos sociales y los cambios políticos mundiales que han hallado un factor determinante en internet: desde la llamada Primavera Árabe y el 15-M hasta Ocupa Wall Street y yosoy132. En tal contexto, se examina también el papel que han desempeñado las redes sociales en sucesos como las filtraciones de WikiLeaks, la elección presidencial de Dilma Rousseff en Brasil o el espionaje telefónico realizado por el gobierno de Barack Obama.
Además de analizar casos específicos de actualidad -como el de Edward Snowden, el ex empleado de la CIA-, Jenaro Villamil sustenta sus observaciones tomando en cuenta teorías como la de la sociedad del espectáculo, la filosofía crítica de la Escuela de Frankfurt, hasta llegar a la actual sociedad de la información, donde las intercomunicaciones y el world wide web son fundamentales.
El reconocido periodista de Proceso y autor del blog Homozapping enfoca siempre su análisis en una comprensión plena del fenómeno, de tal forma que permita ser expuesto de manera eficaz a cualquier tipo de lector. Sin duda, este texto se convertirá en referente indispensable para aquellos que busquen aproximarse a los entretelones del mundo digital. Por lo demás, se trata de un ensayo escrito con un lenguaje claro y una estructura muy accesible, además de estar repleto de datos importantes que contextualizan el problema y brindan un completísimo panorama general de las nuevas formas de movilización social.

¿Por qué en países tan disímbolos como Egipto, España, Chile, Estados Unidos, Brasil o México se generaron en menos de tres años movilizaciones juveniles en las calles y en el ciberespacio? ¿Se están gestando otros movimientos que, al igual que éstos, se caractericen por su convocatoria a través de redes sociales, la ausencia de liderazgos visibles, y organizaciones partidistas, y con críticas muy fuertes al autoritarismo político, económico y mediático en estos tiempos de globalización?

Ante la amenaza creciente y documentada por Julian Assange y Wikileaks, Bradley Manning, y recientemente por Edward Snowden y el periodista Glenn Greenwald de un nuevo riesgo global para las libertades civiles a través del espionaje masivo de comunicaciones privadas de ciudadanos, líderes políticos, dirigentes sociales y todo aquel que posea un dispositivo móvil con internet, se ha generado una movilización mundial creciente de igual intensidad, utilizando las mismas redes sociales y las calles, que se convierte en un nuevo antídoto de pronóstico reservado.

¿Estamos ante un nuevo escenario donde el ciberespacio se transforma ya no sólo en una plataforma de tecnología y comunicación sino en el ágora mundial donde se convoca a ciberrebeliones, a movilizaciones de audiencias deliberativas que influyen y crean agendas nuevas, alternativas a las de los grandes mass media, pero también se engendran distintas y poderosas amenazas a las libertades, alentadas por el negocio del control y de la información que significa la Big Data?

Estas son preguntas sin respuestas únicas ni cerradas; son expresiones de wikirrevoluciones —como las teorizó Manuel Castells1—, y también de una ola de indignación que domina entre la mayoría de las audiencias jóvenes de los nuevos medios deliberativos, y que puede dar lugar a lo que el filósofo alemán Ulrich Beck denomina “la formulación de un nuevo humanismo digital”2.

Desde el Magreb árabe, la marea de las movilizaciones cruzó el estrecho de Gibraltar para protagonizar en decenas de ciudades españolas las acampadas de protesta del 15-M. La prensa extranjera los denominó los indignados o la Spanish Revolution, con claros vasos comunicantes entre lo sucedido los últimos dos años en Francia contra el gobierno de Sarkozy, en Italia y en Grecia contra los planes económicos draconianos ordenados desde el poder eurofinanciero. El mito de la eurocomunidad solidaria, ciudadana y de Estado de bienestar se quebrantó en esas jornadas. El panfleto Indignaos, escrito por el diplomático y experto en derechos humanos Stéphane Hessel, se convirtió para miles de jóvenes en un sugerente llamado a la acción en España, Francia, Grecia, Italia y otras naciones de la eurozona en plena crisis.

“Les corresponde a ustedes, amigos de España —país en el que la diversidad de las culturas es mundialmente reconocida—, ciudadanos del mundo, a cada uno de ustedes individualmente, y a todos colectivamente, encontrar las pistas a través de las cuales la ‘internacional ciudadana’ podrá dotar de vida este siglo. No para lograr el mejor de los mundos, sino un mundo viable”, escribió Hessel en la parte central de su alegato.

En su segundo libro, ¡Comprometeos!, Hessel afinó un poco más la reflexión en conversaciones con Gilles Vanderpooten, joven escritor francés y activista social. Hessel, un referente intelectual para las nuevas generaciones europeas movilizadas, advirtió en ese texto3:

 

Resistir no supone simplemente reflexionar o escribir. Es necesario emprender una acción. Ahora bien, a este respecto soy relativamente pesimista: las jóvenes generaciones manifiestan escasa resistencia en relación con lo que las escandaliza y contra lo cual deberían reaccionar.
Los jóvenes son tan capaces como yo de reconocer lo que hay de escandaloso en la injusticia económica y social, en la degradación del planeta, en la violencia no reprimida en Darfur, en Palestina, en algunas regiones de África y de Medio Oriente. Es normal que se reflexione sobre ello y que se hable al respecto. Pero, ¿cómo conseguir que esta actitud desemboque en un compromiso práctico?

La pregunta de Hessel sigue rondando en varias sociedades donde el nivel de desencanto juvenil es creciente. Sin embargo, en España, decenas de organizaciones se entrelazaron en la plataforma Democracia Real Ya!, por medio de la cual protagonizaron las protestas y movilizaciones más impresionantes de la última década.

El mismo impulso español inspiró a activistas norteamericanos. Surgió el movimiento Ocupa Wall Street en 2011, tres años después de la quiebra de Lehman Brothers y de decenas de organizaciones financieras que provocaron la reciente crisis económica. La impunidad y la falta de rendición de cuentas del poder financiero se convirtieron en ejes de las protestas en Estados Unidos.

De la rebelión contra los regímenes dictatoriales en Túnez, Egipto y Libia, a las protestas española y griega contra el orden financiero dictado desde Alemania en el mismo periodo, se pasó a las movilizaciones inesperadas en México de miles de jóvenes estudiantes en contra del poder mediático y de su “candidato”, Enrique Peña Nieto, en el corazón de la campaña electoral de 2012. Así surgió el #YoSoyl32.

En Chile también se movilizaron estudiantes en sonoras protestas contra el gobierno, los bancos y el statu quo de la transición democrática que desde el final de la dictadura de Pinochet no vivía estas jornadas.

Países de las llamadas economías emergentes como Turquía y Brasil fueron escenarios de protestas en el 2013, sin signos partidistas claros, convocadas a través de redes alternativas que colocaron en jaque a los respectivos gobiernos nacionales. Dilma Roussef, sucesora de Lula da Silva, reaccionó tardíamente a la ola de protestas en las calles de las principales ciudades brasileñas, pero tuvo que modificar decisiones que implicaban el desmantelamiento de una política social.

El 84% de los manifestantes de junio de 2013 en Brasil no apoya a ningún partido político (de ahí que el gobernante del Partido de los Trabajadores (PT) haya sido rebasado por completo); el 77% contaba con educación superior (y no eran “vándalos”, como al principio fueron descalificados por los medios masivos tradicionales como la cadena televisiva O’Globo), 71% protestaba por primera vez y 59% eran menores de 25 años, según la encuesta que realizó el periódico Datafolha. Este mismo perfil explicó por qué los manifestantes en Brasil utilizaron los medios interactivos como Facebook, Twitter, Youtube e Instagram para construir su propia plataforma de deliberación, su propio registro gráfico y de videos, al margen de los grandes medios internacionales.

La ola de protestas en Brasil comenzó con el incremento del 7% al transporte público en la avenida Paulista de Río de Janeiro, el 11 de junio del 2013. Dos días después, el 13 de junio, la manifestación fue duramente reprimida por la policía de Sao Paulo, con 230 detenidos. Esta arbitrariedad policiaca contagió a otros sectores y generó movilizaciones en las principales ciudades de aquel país.

La víspera del inicio de la Copa Confederaciones, en el emblemático estadio Maracaná de Río de Janeiro, provocó que el 16 y 17 de junio se registraran manifestaciones sin precedentes en las últimas dos décadas. No se veía nada igual en Brasil desde la ola de protestas en contra de la corrupción de Fernando Collor de Melo, a finales de los noventa, y tampoco se había registrado tal nivel de furia y participación social.

De alguna manera, lo sucedido en Brasil se ha ido espejeando con la ola de movilizaciones magisteriales que, a raíz de la aprobación de una reforma educativa que afectará a cientos de miles de profesores mexicanos, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), facción disidente del sindicato magisterial más poderoso de América Latina, protagonizó de agosto a noviembre de 2013 una serie de marchas, plantones y “tomas” en la ciudad de México.

A diferencia de los otros movimientos disidentes, la CNTE no supo utilizar las redes sociales y los medios alternativos para ganarse a una opinión pública tan irritada siempre por los problemas de tráfico y las aglomeraciones en la capital mexicana. Ahí donde otras disidencias fueron muy hábiles, la CNTE no pudo articular sus propias redes alternativas de comunicación.

La campaña de linchamiento mediático y de inducción al odio se registró con toda fuerza en los poderosos medios de comunicación mexicanos: desde las dos cadenas de televisión que acaparan el 98% de las audiencias (Televisa y TV Azteca) hasta las cadenas de radio más importantes y los periódicos con mayor influencia, todos, unieron sus voces para crear coro, con tintes racistas y clasistas, en contra de los profesores mexicanos que provienen de las entidades más pobres y de fuerte presencia indígena: Oaxaca, Michoacán, Chiapas y Guerrero.

El temor principal del gobierno federal mexicano fue que las movilizaciones de la CNTE desembocaran en un escenario de revuelta social muy similar al de Brasil, así que lo frenaron a golpe de mensajes en los medios de comunicación masiva. El 13 de septiembre de 2013, la Policía Federal y elementos militares disfrazados de civiles ingresaron al emblemático Zócalo capitalino para retirar a los maestros que tenían un plantón desde hacía dos meses atrás. Los medios masivos aplaudieron y transmitieron en vivo la operación del “Zócalo recuperado” y de la “limpia del Zócalo”, como si se tratara de basura o escoria social. Poco pudieron hacer las redes alternativas de comunicación mexicanas frente a la apabullante fuerza del consenso mediático y policiaco.

En el otoño de 2013 una nueva ola de movilizaciones se han gestado, a raíz de las revelaciones de Edward Snowden sobre el sistema de espionaje global del gobierno de Barak Obama, conocido como PRISM, y de la escandalosa intensidad de la intercepción de correos electrónicos, teléfonos celulares y todo tipo de dispositivos móviles de más de 35 jefes de Estado, incluyendo a la canciller alemana Angela Merkel, a la presidenta brasileña Dilma Roussef, al ex mandatario mexicano Felipe Calderón y a su sucesor Enrique Peña Nieto, así como a miles de ciudadanos franceses y españoles.

“Stop Spying” fue la consigna de miles de ciudadanos norteamericanos que salieron, por primera vez, el sábado 26 de octubre, a marchar en las calles de Washington, viralizandoun video en Youtube como respuesta al creciente escándalo generado por las revelaciones de Edward Snowden y el periodista Greenwald, quienes se elevaron a categorías de “enemigos de Estado” para el gobierno de Barak Obama.

A 12 años de distancia, la oleada de miedo y abusos de poder justificados por los atentados de Al Qaeda en las Torres Gemelas de Nuevas York, se ha gestado una nueva oleada de defensa de los más elementales principios de libertad de expresión, respeto a la privacidad y a la integridad de los ciudadanos acosados por un Big Brother digital que los ha engañado sistemáticamente para justificar el espionaje masivo. Es la otra cara de la moneda que detonará nuevas ciberrevoluciones y puede derivar en el “nuevo humanismo digital” que planteó Ulrich Beck.

Beck, actual profesor de la London School of Economics y teórico de la llamada sociedad del riesgo mundial, lo planteó así en un breve ensayo del 30 de agosto de 2013, a unas cuantas semanas de conocerse el escándalo del sistema de red de escuchas conocido como PRISM:

 

Ningún poder militar ni revolución amenazan al imperio del control, sino un único y valeroso individuo: Snowden, un treinteañero experto en seguridad, es capaz de hacer que se tambalee, y además lo logra volviendo al propio sistema de información contra sí mismo. Es decir, en este sistema aparentemente hiperperfecto de control, existe una posibilidad de resistencia del individuo que jamás hubo en ningún otro imperio. El ciudadano corriente dispone, en contraste con Snowden, de un conocimiento mucho más limitado de la estructura de poder y el poder de ese supuesto imperio. Pero eso no se aplica a la generación joven, que como un Cristóbal Colón irrumpe en el Nuevo Mundo y hace de las redes sociales una prolongación de su propio cuerpo comunicativo.

 

Y aquí se evidencia una consecuencia esencial. El riesgo de una vulneración de los derechos a la libertad se valora de forma diferente a la vulneración de derechos relativos a la salud, como la que se deriva del cambio climático. La vulneración de la libertad no duele, no se nota, no se experimenta como una enfermedad, una inundación o una carencia de oportunidades laborales. La libertad muere sin que las personas sean heridas físicamente. En todos los sistemas políticos, la promesa de seguridad constituye el verdadero meollo del poder del Estado y de la legitimación del Estado, mientras que la libertad siempre es o parece ser un valor de segundo rango.

 

¿Qué se puede hacer? Yo propongo que formulemos algo así como un humanismo digital. Debemos convertir el derecho fundamental a la protección de los datos y a la libertad digital en un derecho humano global e intentar hacer valer este derecho al igual que el resto de los derechos humanos, en contra de las resistencias. De lo que se carece es de una instancia internacional capaz de imponer estas reivindicaciones… Pero la inquietud es internacional: el riesgo global tiene una capacidad de movilización enorme.

 

En otras palabras, estamos transitando de las protestas con eminentes demandas de libertad y antiautoritarias en contextos nacionales como Egipto, España, Chile, Brasil o México, con cuestionamientos frontales a los partidos y a los políticos locales, a un escenario de una movilización global frente a una amenaza intangible pero que afecta lo mismo a ciudadanos comunes que a mandatarios, y al mismo espacio de las redes sociales y de las nuevas tecnologías de la comunicación.

En Estados Unidos iniciaron como una coalición de activistas, actores, personalidades públicas, pero también en Francia, España y Alemania comienzan a gestarse movilizaciones que tienen un doble propósito: condenar la amenaza global de la intercepción masiva de comunicaciones, y también las respuestas tibias o aparentemente “diplomáticas” de los respectivos gobiernos.

La paradoja mayor de esta nueva oleada: las ciberdisidencias se están gestando en las redes sociales y en las grandes plataformas que han sido señaladas por el propio Snowden como mecanismos de espionaje y de control. Después de esta etapa, la generación del Facebook, Twitter, Google, Youtube, Instagram, el Smartphone, Skype, Apple no volverá a ser la misma porque ya comenzaron a vigilar y a protestar utilizando las mismas vías que estaban supuestamente destinadas a lo contrario.

 

1 “La wikirrevolución del jazmín”, Manuel Castells, lavanguardia.com, 29 de enero de 2011.

2 “El riesgo para la libertad”, Ulrich Beck, elpais.com, 30 de agosto de 2013.

3 Hessel, Sthépane, ¡Comprometeos! Ya no basta con indignarse. Conversaciones con Gilles Vanderpooten, Ediciones Destino, España, 2011.