Doña Loba: una historia de cacicazgo y poder

Alberto Gonzalez

El notable trabajo periodístico de Alberto González -editor de la versión mexicana de Publimetro- es una clara muestra de la impunidad y la fuerza con la que siguen operando los "cacicazgos" en México, uno de los eslabones clave en la interminable cadena de corrupción política.

Ésta es la historia del ascenso y la caída de Guadalupe Buendía Torres, mejor conocida como La Loba, una lideresa asociada con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el oriente del Estado de México. La cacique adquirió notoriedad durante la década de los noventa, cuando se hizo del control de una municipalidad en la que sometió a la población por medio de la administración de servicios públicos como el agua, la electricidad o la recolección de basura. Contra ella existían cientos de averiguaciones por delitos y decenas de quejas por despojo y lesiones. Cierto día, el mismo grupo político que la encumbró, decidió que era hora de renovar los poderes, lo cual representó un alto costo que incluyó varias muertes.El notable trabajo periodístico de Alberto González -editor de la versión mexicana de Publimetro– es una clara muestra de la impunidad y la fuerza con la que siguen operando los “cacicazgos” en México, uno de los eslabones clave en la interminable cadena de corrupción política.

A 20 kilómetros del centro de la ciudad de México, se encuentra uno de los municipios urbanos con mayor marginación del país: 60% de su población vive en la pobreza o la pobreza extrema, y la mitad de las personas con trabajo ganan dos salarios mínimos o menos, y laboran más de 40 horas a la semana.

Su nombre es Chimalhuacán, en donde la mitad de los jóvenes de entre 15 y 19 años de edad no asiste a la escuela, mientras que sólo 1% de los que tienen entre 20 y 24 años permanece en el sistema escolar.

De acuerdo con María Cristina Bayón,1 del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dos de cada tres habitantes en Chimalhuacán no tienen acceso a los servicios de salud del sistema de seguridad social; además, sólo 10% de las viviendas disponen de una computadora, mientras que en toda la zona metropolitana la cifra es de 30%. Se trata de un territorio que encuadra a cabalidad con la noción sociológica de “periferia excluida”.

En los últimos 30 años, esa zona del oriente mexiquense ha registrado un crecimiento superior a 100%, ya que pasó de menos de 300 mil a 614 mil habitantes, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Durante esas tres décadas, el paisaje de un municipio dedicado al campo y a la obtención de recursos del lago de Texcoco, cambió de un tono verde vegetación a uno gris pavimento. El cerro del Chimalhuachi, alrededor del cual están asentadas las poblaciones de Chimalhuacán, se veía entero, pero las minas de arena le han comido un pedazo y ahora se observa “mordido”. Los árboles también escasean.

La transición de un municipio rural a uno urbano se dio de la mano de individuos que encajan con la definición que de cacique hay en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española: “Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo”. Ese camino generó más pobreza para la mayoría de la población —pues se mantiene, según las actuales autoridades, con más de 30 años de rezago— y una gran riqueza para quienes administraron esa situación en provecho propio. Surgió una especie de “negocio de la pobreza”, que aprovechó a un municipio que tenía necesidades similares a los más pobres de México.