El periodista voraz

Francesc Salgado

La primera biografía periodística de uno de los columnistas más brillantes de la prensa española.

Manuel Vázquez Montalbán firmó más de nueve mil artículos a lo largo de su carrera. Textos que configuraron el pensamiento de toda una generación y que lo consagraron como uno de los intelectuales más influyentes del último tercio del siglo XX.

Manuel Vázquez Montalbán publicó su primer artículo periodístico en 1960, pocos días después de cumplir veintiún años. Lo hizo en una revista falangista, El Español, y por si este arranque no fuera bastante peculiar para un joven de ideas antifranquistas, aún se dio otra llamativa contrariedad en su debut, puesto que ese primer artículo apareció a unas pocas páginas de distancia de otro firmado por su mayor antagonista político, el mismísimo Francisco Franco. El Caudillo publicaba algunos textos con el apodo de Hispanus en esas mismas páginas. Los artículos trataban sobre tácticas militares y nuevos armamentos y los redactaba el responsable de prensa del palacio del Pardo.1

El Español era un semanario de fuerte contenido político fundado en 1942 por Juan Aparicio López. Dependía de la Escuela Oficial de Periodismo, y no era raro que algunos estudiantes aventajados tuvieran la ocasión de publicar trabajos por encargo, incluso una vez acabados los estudios. También fue el caso de Paco Umbral o Josep Pernau, entre otros.

Manuel Vázquez debutó en El Español en junio de 1960 y se mantuvo como colaborador casi dos años, y en su primera crónica periodística, publicada cuando todavía residía en Madrid para cursar el tercer año, describió la convivencia de unos estudiantes –él mismo incluido– que trabajaron unos días junto a unos campesinos en una estancia organizada por el Servicio Universitario del Trabajo (SUT) en un pueblo de Valladolid.2 El debutante narró el desarrollo de las actividades que compartieron campesinos y estudiantes pero omitió, por supuesto, que las jornadas fueron también una forma de establecer contacto con otros jóvenes universitarios y aumentar la influencia del Frente de Liberación Popular (FLP), el grupo en el que militaba en ese momento de forma clandestina. Manuel Vázquez publicó otros trabajos antes de regresar a Barcelona, entre los que destacaba la crónica de un concurso gastronómico –recetas incluidas– y especialmente un artículo en el que exponía el programa político que John F. Kennedy presentó en la convención demócrata previa a las elecciones presidenciales que se celebraron en noviembre de 1960. Ambas piezas mostraban algunos de sus intereses futuros.

En agosto de 1960, y una vez de regreso en Barcelona, iniciaría una segunda colaboración profesional, en este caso con el diario Solidaridad Nacional. Por tanto, doblaría así su trabajo como colaborador y conseguiría el objetivo de poder vivir de su pluma.

Como él mismo se encargó de recordar siempre que pudo, Manuel Vázquez nació en el barrio Chino de Barcelona en una familia de perdedores. Fue el año de la derrota, 1939, el 14 de junio. Su madre, Rosa Montalbán Pérez, era una modista originaria de Águilas, en la provincia de Murcia, que había vivido en el barrio de la Barceloneta y se casó en 1937 en segundas nupcias con Evaristo Vázquez Tourón, un gallego que, tras emigrar a Cuba en los años veinte y haber regresado unos años después, se estableció finalmente en Barcelona en 1929. En el momento del matrimonio, Evaristo Vázquez estudiaba en la Academia de la Policía de la Generalitat, militaba en el PSUC y estaba destinado como subcomisario en Hospitalet de Llobregat. Al terminar la guerra civil, Evaristo se exilió, y fue detenido en la frontera cuando intentaba regresar a Barcelona para conocer a su único hijo, Manuel, que acababa de nacer. Fue juzgado y condenado a veinte años de prisión, de los que cumpliría cinco.

El escritor barcelonés dejó constancia del ambiente del barrio en la posguerra en algunos relatos y artículos que ilustraron el transcurso de una infancia llena de temores por el clima político de represión en que vivió, así como por la intensa pobreza que padecieron sus vecinos. A unos doscientos metros de su casa, en el colegio San Luis Gonzaga, situado en la calle Hospital, empezaron a enderezarse los acontecimientos. En un aula donde estudiaban juntos niños de diferentes edades, la maestra Carmen Godó insistió a la familia para que ese muchacho aplicado y de gran memoria estudiara el bachillerato.3 Años después, Manuel Vázquez le dedicó su primer libro, Informe sobre la información (1963) como reconocimiento. Otro docente, el profesor de literatura Basilio Losada, reafirmaría años después la vocación literaria del joven, y le animaría a estudiar Filosofía y Letras, unos estudios que comenzó en 1956 en la sección de Románicas.4

Y como Vázquez Montalbán quería ser escritor, pasó antes por el periodismo. Era la forma de conseguir un trabajo en poco tiempo y poder vivir de la escritura. De esta forma, en octubre de 1957 comenzó por las tardes el primer curso de periodismo en una instalación provisional y oscura situada al final de La Rambla, en el antiguo convento de Santa Mónica, hoy reconvertido en un centro de arte vanguardista. Por tanto, a partir de entonces cursó una carrera por la mañana, segundo de Románicas, y un oficio por la tarde, primero de periodismo. Tenía por delante los dos cursos que se impartían en Barcelona. El tercero debería cursarlo en Madrid, donde tras el definitivo «examen de Grado» obtenía la titulación oficial, obligatoria para conseguir la inscripción en el Registro Oficial de Periodismo.

Por aquel entonces vivía en la misma calle Botella, donde había nacido diecinueve años antes, junto con sus padres y su abuela materna, Rosa. El choque con los muchachos de la burguesía de la ciudad, que estudiaban despreocupadamente le resultó impactante. Ellos tenían nevera, teléfono y aparato de música en sus casas. Vivían sin temer ni por el presente ni por el futuro.5 No tenían padres exconvictos que trabajaran como mozos de almacén, por ejemplo, ni madres costureras. La escuela era de una precariedad extrema. La mayoría de los profesores no tenían ninguna voluntad didáctica y todos provenían de la profesión, algunos muy afines políticamente al régimen, otros más neutros y los menos con una auténtica pasión por el oficio: «Recuerdo clases y personas siniestros, que prefiero no recordar, y junto a ellos clases magníficas como las de Manolo Del Arco, Néstor Luján, Ramon Solanes, Cadena…».6 La escuela de Barcelona era en realidad una sección de la de Madrid, que arrancó en el Ateneo Barcelonés en 1952 para proveer de profesionales a las redacciones tras la guerra civil. Los cursos consistían en tres horas de clase cada tarde y la enseñanza dependía de instituciones políticas directamente relacionadas con el poder. De hecho, cualquier periodista tenía que jurar fidelidad de forma expresa al sistema político, a Francisco Franco y a Dios mismo para poder trabajar.

Manuel Vázquez era un estudiante tímido y laborioso. Pedro Voltes lo tuvo en la asignatura de Sociología, y le pareció un alumno discreto que no frecuentaba los grupitos.7 En realidad no ponía mucho interés en el estudio del periodismo. Para pasar curso, se apoyaba en la enorme capacidad memorística que desarrolló de niño. Pero no hay que confundir timidez con conformismo. Cuando empezó los estudios de periodismo llevaba al menos un año subvirtiendo las advertencias familiares para que no se metiera de ninguna forma en política para no agravar la precaria situación de la familia. Manuel Vázquez llevaba meses como militante clandestino al Frente de Liberación Popular (FLP), una organización que mantenía una serie de grupúsculos de reflexión y debate político desperdigados por diferentes ciudades españolas y a la que en la Universidad de Barcelona se les unió la Nova Esquerra Universitària (NEU). Según uno de sus dirigentes, Joan Gomis, el estudiante se incorporó a las reuniones clandestinas en la primavera de 1957 junto a algunos compañeros, la mayoría católicos con fuertes preocupaciones sociales. La madre estuvo al tanto en poco tiempo, el padre nunca lo supo.8