Presidencia comprada

Jesus Ramirez Cuevas

"La elección presidencial de 2012 en México se definió por una diferencia de poco más de 3 millones 200 mil votos. En una democracia verdadera ese resultado sería contundente e inobjetable, pero en nuestro país se trata de una cifra engañosa. Si nos atenemos a los hechos y a los datos disponibles sobre el proceso electoral, podemos afirmar que estuvo marcado por la inequidad en los medios de comunicación, por una avasalladora campaña publicitaria, por el uso incuantificable de dinero público y privado -y se presume que también de origen ilícito- que favoreció al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Enrique Peña Nieto, quien resultó electo."

En este trabajo se exponen, de manera sucinta, los hechos, pruebas y argumentos que han llevado a cuestionar esta elección.Con datos y testimonios, el autor expone temas como el papel de las encuestadoras y la inequidad en los medios de comunicación; el rebase de los topes de gastos de la avasalladora campaña publicitaria del PRI; la triangulación de fondos mediante empresas “fantasma” vía Banca Monex; la compra y coacción de votos en zonas pobres del campo y de la ciudad, a través de despensas y tarjetas de la tienda Soriana pagadas con dinero público; el papel de Televisa en apoyo al candidato ganador Enrique Peña Nieto y los beneficios económicos y políticos que ha obtenido.En ese contexto, el autor afirma que no es exagerado decir que en los pasados comicios la Presidencia de México fue comprada.

La elección presidencial de 2012 en México se definió por una diferencia de poco más de 3 millones 200 mil votos. En una democracia verdadera ese resultado sería contundente e inobjetable, pero en nuestro país se trata de una cifra engañosa. Si nos atenemos a los hechos y a los datos disponibles sobre el proceso electoral, podemos afirmar que estuvo marcado por la inequidad en los medios de comunicación, por una avasalladora campaña publicitaria, por el uso incuantificable de dinero público y privado —y se presume que también de origen ilícito— que favoreció al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Enrique Peña Nieto, quien resultó electo.

A pesar de la voluntad de cambio de una parte importante de la población, se impuso la maquinaria electoral del pri y los intereses corporativos, que con maniobras legales e ilegales terminaron por dañar la incipiente democracia mexicana.

La vida política de México continúa marcada por las herencias del viejo régimen autoritario y corrupto que dominó el país por décadas. De esa forma, la supuesta transición democrática quedó varada por el espejismo de una alternancia bipartidista que comparte el mismo proyecto. No obstante, se cierne sobre el país el riesgo de una restauración modernizada —una versión del PRI reloaded, con las televisoras a cargo de la propaganda gubernamental—, en la que Enrique Peña sería actor de reparto en un Estado mafioso institucionalizado.

Si en la elección de 2006 la oposición denunció la manipulación en las casillas y en el conteo, en 2012 predominó la compra del voto y la coacción de los ciudadanos.

Muchos mexicanos, sobre todo jóvenes, cuestionaron los comicios de 2012 por la intervención de poderes fácticos que impusieron sus intereses en la elección. Se trató de una triada integrada por empresas encuestadoras, Televisa y por el uso de dinero a raudales por parte del PRI, que fueron un factor determinante en esta elección.

Los temas polémicos de esta elección han sido la triangulación de fondos mediante empresas “fantasma” vía Banca Monex; la compra de votos en zonas pobres a través de despensas y tarjetas de la tienda Soriana pagadas con dinero público; el rebase de los topes de gastos de campaña del PRI; el papel de Televisa en apoyo a Peña Nieto y los beneficios económicos y políticos que ha obtenido: el despliegue publicitario de una de las campañas más costosas en la historia de México.

Esto es efecto directo de un sistema económico que produce millones de pobres y una clase política que compra conciencias valiéndose de sus necesidades, con el objetivo de perpetuar en el poder a los responsables de tan grande desigualdad. Las élites mexicanas no respetan las reglas democráticas porque no están dispuestas a compartir el poder ni la riqueza nacional que hoy acaparan.

En este trabajo se exponen, de manera sucinta, los hechos, las pruebas y los argumentos que han llevado a cuestionar la pasada elección presidencial. La autoridad electoral no supo encarar los reclamos ciudadanos y de la coalición de la izquierda, al grado de que el Tribunal electoral vio otra cosa y declaró que éstas fueron unas de las elecciones más limpias de la historia, pese a las evidencias en contra.

En ese contexto, no es exagerado decir que en los pasados comicios la Presidencia de México fue comprada.

La disputa por la Presidencia de la República en 2012 comenzó años atrás. En 2005 el PRI y Televisa firmaron un acuerdo para convertir a Enrique Peña Nieto en figura pública y hacerlo candidato presidencial. Los estrategas apostaron a la influencia y al poder de la televisora para imponer al presidente de México.

Con una campaña mediática que duró siete años, Peña Nieto fue elegido sin problemas candidato de la Coalición Compromiso por México, integrada por el PRI y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Enfrentó a Andrés Manuel López Obrador, el principal líder social y político del país, postulado por los partidos de la izquierda (Partido de la Revolución Democrática, PRD; Partido del Trabajo, PT; y Movimiento Ciudadano, MC); y a Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN). Gabriel Quadri, candidato del Partido Nueva Alianza, fue promovido por Elba Esther Gordillo, líder sindical de los maestros desde hace casi 30 años.

En diciembre de 2011 Peña Nieto tuvo su primer tropiezo cuando no supo decir los tres libros que marcaron su vida (“La verdad es que no me gusta leer”, le confesó al panista Manuel Espino). Este incidente marcó para siempre su imagen pública.

Unas semanas antes de iniciar la campaña electoral, el 8 de febrero de 2012, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda, demandó al Instituto Federal Electoral (IFE) tomar medidas para garantizar “la equidad” del proceso y “evitar la compra y coacción del voto”, vigilar la imparcialidad de los medios de comunicación, el uso electoral de programas sociales y de tarjetas, el desvío de los presupuestos públicos con fines electorales y el dinero en las campañas. El consejo general del IFE respondió hasta el 25 de mayo y no adoptó ninguna de las medidas propuestas por el tabasqueño.

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Desde el primer día de campaña, el 30 de marzo, se manifestaron las tres principales tendencias que dominaron las elecciones presidenciales: el protagonismo de las casas encuestadoras y de la televisión, así como el derroche de recursos económicos a favor del PRI. Enrique Peña inició campaña con una buena ventaja en los sondeos de opinión. En los hechos funcionó el acuerdo mediático de presentar a Peña como candidato invencible.

Desde el principio fue avasallador el despliegue publicitario de Peña Nieto. Vázquez Mota tuvo tropiezos iniciales y se habló de sabotaje interno. López Obrador apostó al contacto con la gente y tejió una red para promover su campaña y defender el voto. Las campañas fueron cortas, 90 días apenas. El primer mes, la mayoría de los ciudadanos se mantuvo distante. Era el escenario ideal para Peña Nieto, dada su ventaja y presencia mediática. El primer debate del 6 de mayo no tuvo mucho impacto y fue demasiado acartonado.

Pero la campaña dio un giro radical a partir del 11 de mayo. Peña Nieto asistió a un foro en la Universidad Iberoamericana. Fue recibido por los alumnos con pancartas en su contra y máscaras de Salinas. A pregunta expresa, reivindicó la represión en Atenco y su secuela de muertos, mujeres violadas por policías y decenas de detenidos y vejados. Sus palabras encendieron los ánimos de muchos estudiantes que elevaron su protesta.

Su vocero de campaña, David López, y el presidente del PRI, Pedro Joaquín Codwell, pusieron en duda que se tratara de auténticos estudiantes. Televisa y otros medios les hicieron coro. Como respuesta, surgió el movimiento juvenil más importante de los últimos años.