Primaveras, terremotos y crisis

Javier Solana Madariaga / Luis María Bassets Sánchez

Un análisis, desde un punto de vista privilegiado, de los acontecimientos que se han sucedido durante el último año y que marcarán un cambio de época.

En Reivindicación de la política, publicado en septiembre de 2010, Javier Solana y Lluis Bassets repasaban los últimos 20 años de política internacional desde una privilegiada perspectiva. Pero el ritmo de los acontecimientos se ha acelerado, si cabe, y los últimos doce meses han sido pródigos en acontecimientos. La primavera árabe, la crisis del euro, el auge de los BRICS, la muerte de Bin Laden son solo algunas de las cuestiones que son analizadas en estas páginas por dos observadores de excepción.

Javier Solana no ha cambiado, pero el mundo sí, y de qué manera. Sobre todo desde que dejó Bruselas, en diciembre de 2009. Su ritmo de vida también. Sigue conectado todo el día, casi con el mismo volumen de información que manejaba desde Bruselas, pero con mucho más tiempo y calma para procesarla y digerirla. No han cambiado sus ideas, su mirada sobre la realidad, su militancia europeísta. Sigue viajando mucho, aunque menos que en la época en que contabilizó tres millones de kilómetros recorridos por todo el mundo. Pero ahora ya no es la trepidación de los acontecimientos lo que tira de su agenda cotidianamente, como sucedía desde su puesto en la Unión Europea, cuando el estallido de un conflicto, las dificultades de una negociación o cualquier percance político le obligaban a subirse a la escalerilla de un avión.

Ha sido durante largo tiempo el rostro visible de Europa, y aún hoy se requiere su presencia en muchas reuniones porque, aunque ya no ocupe un cargo europeo, todavía lo sigue siendo por la sencilla razón de haber hecho que Europa existiera y por seguir creyendo firmemente en medio de grandes dificultades que Europa existe y debe existir. Solana ha reivindicado en muchas ocasiones la legitimidad de la acción. Era su método para conseguir que Europa tuviera voz y rostro, e incluso una posición política duramente consensuada entre bambalinas. Ahora, esta imagen de un voluntarismo europeísta persiste, pero invierte sus efectos: no sirve tanto para que Europa exista como para subrayar que Europa no existe o no existe con suficiente contundencia. E incluso, y sobre todo, para señalar por contraste la escasa vocación y habilidad que tienen sus actuales altos cargos a la hora de darle existencia. Si con su trayectoria reivindica a Europa, con sus palabras lo hace todavía con mayor énfasis y pasión. Y asegura que seguirá haciéndolo aunque se quede solo como el último europeísta. Nada le molesta más que la moda de la denigración de Europa.

Este hombre es la demostración viva de que la historia la hacen los seres humanos, y de que las instituciones pueden servir para consolidar la obra pero no para asegurarla si no hay una continuidad en la voluntad y en la acción. El diseño del cargo de Alto Representante, primero en la non nata Constitución y después en el Tratado de Lisboa, se hace sobre el molde de Solana. Nadie hubiera ocupado mejor el hueco cuidadosamente diseñado por Solana que el propio Solana. Pudo ser así si no hubiera habido tantos retrasos y dificultades para reformar los tratados. Al final del trayecto, en diciembre de 2009 y después de muchas dilaciones, los 27 buscaron para llenar este y los otros huecos, los nuevos altos cargos de la Unión Europea, precisamente entre quienes no los llenaran del todo. Pasamos así de alguien que apuraba los márgenes para la acción a unos nuevos responsables a los que les sobra el espacio político para su limitada ambición.

Se percibe claramente que ahora tiene también más tiempo para discutir, reflexionar y profundizar, que lee con más calma y sin la exigencia de una decisión perentoria rondando su lectura. Ha desaparecido la angustia, o ha cambiado de ritmo, como su vida. Ya no es una angustia atada al minuto siguiente, ahora es más estratégica. Más preocupación moral e intelectual y menos tensión somatizada. Angustia ante la crisis económica y política europea, ante la inacción frente a las revueltas árabes o frente al crecimiento de los populismos y de la eurofobia.

Solana ha sido y es todavía una de las personas mejor informadas del mundo, con una agenda muy variada y completa que le permite estar al día de los análisis y las novedades que suscitan los principales acontecimientos de la escena internacional. Aunque no ocupe cargos oficiales, sigue siendo una personalidad muy consultada que es convocada a las reuniones más restringidas donde se plantean los problemas de Europa y del mundo con mayor rigor y crudeza. En todo este tiempo ha seguido participando activamente en el debate español, europeo y global. Bajo su dirección se ha redactado, por encargo del presidente Zapatero, la «Estrategia Española de Seguridad», la primera que se elabora en la historia de España. El Consejo de Europa le pidió, junto a un grupo de «personas eminentes», la elaboración de un informe sobre los peligros para la convivencia en Europa, que se publicó en mayo de 2011 bajo el título de «Living Together» («Vivir juntos. Combinando diversidad y libertad en el siglo XXI en Europa»). Ha participado también como miembro de la Comisión Global sobre Política de Drogas en la elaboración de otro informe, publicado en junio de 2011, en el que se declara el fracaso de la guerra contra la droga y se propone una estrategia para reprimir a las organizaciones delictivas, descriminalizar a los consumidores, dar prioridad al tratamiento sanitario y experimentar con su legalización. Y ha elaborado, junto al filósofo Daniel Innerarity, el libro La humanidad amenazada: gobernar los riesgos globales (2011), sobre las amenazas que se ciernen sobre nuestras sociedades. Preside, además, el Centro de Economía y Geopolítica Global de Esade, la escuela de negocios barcelonesa, desde donde, además de ejercer la docencia, sigue impulsando una intensa labor de debate y reflexión sobre la construcción europea y las relaciones internacionales.

La conversación que se transcribe a continuación completa y actualiza las que mantuvimos a principios de 2010 al término de su etapa bruselense y que se publicaron bajo el título Reivindicación de la política. Desde entonces el ritmo de cambio se ha acelerado aun más si cabe, y cualquier análisis corre el riesgo de quedar desfasado casi de inmediato. Aun así Javier Solana no rehúye pensar en voz alta sobre las dificultades que atraviesa nuestro mundo, y en especial sobre la Unión Europea. Reanudar el diálogo con él es un verdadero placer periodístico e intelectual y un estímulo para quien escribe estas líneas en todo caso, y es de esperar que también para los lectores.

LLUÍS BASSETS: Algo realmente excepcional está sucediendo desde principios de este año 2011. Estábamos ya en un momento de profundos cambios geopolíticos, de desplazamiento y transformación del poder mundial, pero de pronto parece que todo se haya acelerado y que hayamos entrado en una época de cambios tectónicos, que arrancan precisamente con un terremoto, el de Fukushima, y con un encadenamiento de revueltas, las de la primavera árabe, que están modificando radicalmente el perfil de los regímenes de la región. Quisiera empezar con una pequeña reflexión sobre el alcance de la transformación y de la sorpresa, para calibrar lo que ha sucedido en este medio año. ¿Podemos hablar de que este 2011 ya nos ha traído un mundo distinto?

JAVIER SOLANA: Es verdad, los primeros meses de 2011 han sido trepidantes. Un repaso cronológico nos permitirá verlo en perspectiva. Las revueltas árabes cargadas de esperanza. El tsunami en Japón con consecuencias humanas y tecnológicas. Las repercusiones estratégicas de la desaparición de Bin Laden. La crisis económica que continúa en los países desarrollados —en Estados Unidos, Japón y la Eurozona— mientras los emergentes sostienen el crecimiento mundial. La aparición en tromba del Tea Party y los relevos en la cúpula de seguridad en Estados Unidos. El atentado en Noruega. El golpe a la calificación como triple A de la deuda estadounidense. Y muchas más cosas entre líneas. Esta mera enumeración contesta en cierta forma a su pregunta acerca de la profundidad de los acontecimientos y del factor sorpresa. Casi ninguno de estos hechos estaba en el guión de lo que ocurriría en un período tan breve de tiempo. ¿Surge un mundo distinto? Creo que forma parte de una transformación extraordinaria que se inició hace una década —da igual para esta reflexión la fecha exacta— y a mi juicio se enmarca en las enormes transferencias de poder que se están produciendo en nuestro mundo globalizado y cuyas consecuencias aún desconocemos. Avanzamos casi a ciegas. Y mientras avanzamos, simultáneamente, tratamos de explicar lo ocurrido…