Rascar donde no pica

Pere Estupinyà

Pere Estupinyà, periodista científico, entrevista a los cerebros más brillantes del planeta para contarnos qué sucede en los laboratorios más punteros y cuáles son los descubrimientos más importantes y sorprendentes de los últimos tiempos.

«Os presento Rascar donde no pica un libro electrónico con las “B” olvidadas que no entraron en El ladrón de cerebros.Editado por Debate y con portada de Kukuxumusu, en unas 60 paginitas os hablo de porqué nos gusta más el libro que la película, de que la monogamia es natural pero la fidelidad no, del respeto a Francis Bacon que debería tener la astrología, de agujeros negros chiquititos, de si la pronta aparición de canas indica envejecimiento más rápido o no, de neurocientíficos que borran recuerdos, de genes que hacen crecer músculo sin necesidad de ejercicio, de teoría de la mente, de porqué según la economía conductual insistir es lo peor para conseguir que te hagan caso, y de porqué cuando sales de viaje debes procurar que tu último día sea el mejor.Quienes tengáis un lector electrónico, lo conseguís en segundos por 1,49 euros. ¡Espero que os guste!»Pere Estupinyà

La ciencia es el wikileaks de la naturaleza. Es la única manera que tenemos de descubrir los secretos mejor guardados del mundo microscópico, del funcionamiento íntimo de nuestros cuerpos o del pasado más remoto de nuestro planeta. Sin ella todavía veríamos las estrellas inmóviles en el firmamento, nuestra piel sería opaca y no sabríamos que no es la fe la que mueve montañas, sino las placas tectónicas. Qué ignorantes seríamos sin el conocimiento científico.

Sentir la bendita curiosidad por escudriñar el mundo con las gafas de la ciencia es una tarea estimulante, e infinita. Cada respuesta que obtienes te regala nuevas preguntas. No puedes asimilar que los núcleos atómicos están constituidos por protones y neutrones sin preguntarte de qué están constituidos los protones y los neutrones. Ni que tus neuronas son mucho más maleables de lo que pensabas sin cuestionarte qué implicaciones tiene esto en tu vida y en tu pensamiento. Cuando el picor intelectual aparece, no puedes dejar de rascar.

Por eso, cuando tras publicar El ladrón de cerebros me preguntaron si había agotado todos los temas, exclamé: «¡Claro que no! ¡Quedan ideas apasionantes para centenares de libros!». Había rechazado en todo momento escribir una segunda parte del libro por varios motivos, pero de ninguna manera por falta de historias científicas. Sólo con revisar las «B» que anoté en mis libretas durante el año que pasé estudiando ciencia en el MIT y en Harvard cada vez que descubría una posible entrada de blog podría preparar varias ediciones más. Por ello, cuando mi editor me propuso el experimento de escribir un libro electrónico con un máximo de diez mil palabras, pensé que sería la oportunidad ideal para recuperar las «B» olvidadas de El ladrón de cerebros y rememorar la magia de los encuentros fortuitos que estimularon a rascar donde antes no picaba.

Lo haré utilizando un ritmo ágil, partiendo siempre de la anécdota y la curiosidad. Y algo importante: sólo si nos conducen a ideas poderosas de fondo. Aquí asumimos que la anécdota sin mensaje es como el sexo sin amor: distrae, pero no cautiva. Así pues, también reconocemos que el amor sin momentos picantes puede resultar tedioso. Por eso recrearé las situaciones que me llevaron a «rascar donde no picaba», porque son la salsa de la autenticidad con la que aliñar esta ensalada mixta de ciencia que ofrezco a continuación. Espero que la devores entera y quedes con hambre suficiente para repetir. Pero, como siempre, si las nueces no te gustan, apártalas sin miramiento. Nunca comas ciencia a la fuerza, ni dejes que sean los científicos quienes elijan tu menú o te pongan la cuchara en la boca. Tú eliges qué debes saber sobre ciencia, no ellos. Escuchémosles porque tienen infinidad de historias interesantísimas que explicar, y son quienes mayores aportaciones están realizando al crecimiento intelectual del siglo XXI.

Invierte el orden clásico de tu relación con la ciencia: no la contemples desde la distancia y de manera pasiva para ver qué te cuenta, acude a ella con actitud proactiva siempre que tengas preguntas que te generen un escozor irrefrenable. Es la mejor fuente de información de que disponemos… de largo. Y si algún día los gobernantes y la sociedad logran asumirlo, el mundo será un lugar mucho mejor.

1. Estrés, canas, coronilla y el valor de la experimentación por delante de la lógica

Reencuentras a un viejo amigo después de tiempo sin veros y lo segundo que te dice es: «¡Cuántas canas te han salido!». Tú respondes: «¡Pues tú esa panza no la tenías!», y le intentas convencer de que a ti las canas te hacen más interesante. No obstante, cuando llegas a casa, te miras de inmediato en el espejo, piensas en el intenso y desordenado ritmo de vida que has llevado en los últimos tres o cuatro años por Estados Unidos, y te surge una duda: ¿estará tanto estrés haciéndome envejecer más rápido de lo que toca?, ¿serán signos de ello las canas o esa incipiente coronilla que, por suerte, sólo veo cuando la desalmada peluquera pasa un espejito malévolo por todos los ángulos de mi cabeza para mostrarme cómo ha quedado mi corte de pelo? No lo sabes. Sin embargo, la curiosidad ya te ha regalado una nueva pregunta sin respuesta: ¿el estrés me hace envejecer más rápido? Puedes elegir el camino fácil y consultar a alguien que se haga llamar experto. Pero a saber qué te dice. Los expertos no son de fiar. Hay una manera más directa, simple y efectiva de solucionar este interrogante: buscar en la bibliografía científica estudios rigurosos que hayan investigado la posible asociación entre canas, pérdida de pelo, estrés y envejecimiento prematuro. ¿No es sobrecogedoramente lógico? Con mucha probabilidad, siempre habrá un científico que haya investigado sobre cualquier tema que te interese.

Pubmed es la base de datos que recoge todos los artículos científicos publicados en el ámbito de la biomedicina. Haces una simple búsqueda por palabras clave, y te fijas en las revisiones o artículos más recientes en las revistas con alto índice de impacto. El primer dato encontrado resulta positivo: un estudio danés siguió a veinte mil personas y no encontró ninguna relación entre mortalidad por causas naturales y edad de aparición de canas, signos de arrugas o calvicie. En otras palabras, la pronta aparición de canas no parece indicar que tu cuerpo envejezca (desde una perspectiva médica, no estética) más rápido.

Parece interesante, pero no constituye una gran sorpresa y deja sin explicar si los episodios de estrés podrían haber adelantado el emblanquecimiento de mi pelo. Siguiendo esa pista, encontré un artículo en el que se debate si el incremento de canas de Barack Obama podía ser debido a la presión que estaba sometido. Los médicos consultados venían a expresar un «No. Ya le tocaba, y punto». El principal factor —y destacado— que marca cuándo empezará a volverse blanco tu pelo son los genes que te pasen tus padres. En concreto, en cuestión de razas, los blancos suelen empezar más pronto, seguidos de los asiáticos y las personas de color. Lo normal es que las primeras canas aparezcan pasados los treinta, y que a los cincuenta la mitad de nuestros pelos sean blancos. La gran diversidad que puedes observar depende básicamente de la genética.

Ok, pero ¿el estrés acelera el proceso o no? Pues parece que no, que el vínculo vida atosigada-canas es un mito. Lo que se ha observado es una relación entre la aparición de canas y el estrés celular. Por estrés celular los científicos entienden la acumulación de agresiones que recibe el ADN de tus células, ya sean los famosos radicales libres, los procesos metabólicos intracelulares, o factores externos como los agentes químicos o la luz ultravioleta. Pues bien, resulta que los melanocitos de tus folículos capilares son bastante sensibles a estos cambios.