Sueños en tránsito. Crónicas de migración

Alejandro Reyes

Cinco crónicas sobre una de las poblaciones más vulnerables e invisibles del planeta.

Cinco crónicas sobre una de las poblaciones más vulnerables e invisibles del planeta, de aquellos que dejan familias y hogares en busca de una vida digna, sometiéndose al trato más inhumano tanto por el crimen organizado como por las autoridades; en un flujo triturador de vidas que las más de las veces convierte los sueños en pesadillas: los migrantes. Desde Centroamérica a Estados Unidos, pasando por México, las historias se repiten una y otra vez: robos, violaciones, secuestros, amenazas, extorsiones, asesinatos. Con impactantes e íntimos encuentros con quienes han sufrido estas situaciones, el autor nos invita a reflexionar sobre este problema. “La intención de quienquiera que escriba con compromiso y seriedad sobre la catástrofe humana que significa la migración forzada, no puede ser otra sino el intento por despertar colectivamente de un sueño-pesadilla en el que todos, de una u otra forma, participamos.”

Escribo estas líneas introductorias sentado afuera de un café en un centro comercial de un suburbio de una ciudad cualquiera en los Estados Unidos, en la comodidad autocomplaciente de clase media de un país supuestamente exento de clases, con el acompañamiento, bastante meloso, de música navideña de elevador. “Good morning”, dice con cordialidad el hombre que pasa sonriente a mi lado. Es temprano aún, el frío cala, los jóvenes comparten risas y bromas mientras toman café antes de entrar a la escuela, universitarios estudian sus libros, una mujer pasa con un perrito, una joven me sonríe coqueta, Jingle Bells continúa tocando, el sol, afortunadamente, empieza a calentar.

¿Qué tiene que ver esto con las crónicas que siguen? ¿Pueden estos mundos coincidir? ¿Podría alguno de estos jóvenes siquiera imaginar que eso existe, que es parte de su realidad, que la cómoda civilidad y la despreocupación que disfrutan tienen mucho que ver con todo eso que ellos no pueden siquiera concebir y que no aparece en las películas de terror a las que asisten con emoción repletos de palomitas y Coca-Cola? Un hombre pasa recogiendo la basura. Moreno, de bigote, pelo canoso; nadie lo ve. Los dueños del café son chinos, los trabajadores, mexicanos; nadie los ve. Un hombre (moreno, bigote) espera de pie al lado de una columna. ¿Qué espera? Nadie lo ve.

Aquí llegan miles, millones de migrantes, sobre todo de México y Centroamérica, en busca del tan mentado “sueño americano”. ¿Qué sueño es ése? Una casa, un coche, un televisor de pantalla plana, un iPod, quizás; pero sobre todo, esto: la tranquilidad, el descanso del desasosiego. Sobre todo para los hijos. ¿Los imaginas? ¿Riendo, leyendo sus libros, tomando café con sus amigos antes de subirse a su auto rumbo a la universidad? A tanto no aspiran, desde luego. Basta que puedan estudiar, sin auto ni capuchino, que no se encuentren un día destrozados por una bala perdida, que no tengan que huir de su barrio por la violencia de las pandillas en las periferias de las urbes centroamericanas, que no tengan que sufrir los dolores del vientre vacío y la desesperación del desempleo, que no tengan que ver sus hogares de tabla arrasados por los bulldozers con sus escasas pertenencias y recuerdos adentro, que no tengan que ver sus cosechas perdidas, sus tierras expropiadas, su supervivencia mutilada, su futuro, un hondo e incierto vacío. El “sueño americano” es eso: la ilusión de que todos pueden, con esfuerzo, obtener lo que sólo un puñado tiene. Y es, como su nombre lo dice, eso: un sueño.

En la nota que introduce Un séptimo hombre, libro de John Berger con fotografía de John Mohr, el escritor dice: “A este libro le concierne un sueño-pesadilla”. En los sueños, explica el autor, quien sueña actúa conforme su propia voluntad, pero el entorno, los acontecimientos a su alrededor, suceden sin su control: el sueño le ocurre. Así es la migración. El migrante actúa por cuenta propia, toma decisiones, muchas veces de vida o muerte, pero todo aquello que le sucede le ocurre como un sueño que las más de las veces se asemeja mucho más a una pesadilla. Eso es así; independientemente de su voluntad, su situación parece inevitable, algo de lo que no puede escapar. Y, sin embargo, hay momentos en que sí se puede hacer algo. El que sueña intenta despertar.

La intención de quienquiera que escriba con compromiso y seriedad sobre la catástrofe humana que significa la migración forzada no puede ser otra sino el intento de un despertar colectivo de un sueño-pesadilla en el que todos, de una u otra forma, participamos.

Las crónicas que conforman este pequeño libro no pretenden componer un panorama general de la experiencia migrante ni ofrecer una comprensión, por escueta que sea, de un fenómeno tan complejo. Son sólo pinceladas de un paisaje impresionista, trazos fragmentarios compuestos por encuentros fugaces que, sin embargo, dejaron su marca indeleble en quien las escribe. Arizona, California, la Sierra Juárez en Oaxaca, el tren de la muerte en el sureste mexicano. Momentos de vida de personajes invisibles con nombre y apellido del sueño- pesadilla triturador de vidas reales. Invitaciones a despertar.